Hoy en día, la soledad no deseada entre las personas mayores es considerada como una de las grandes epidemias del siglo XXI. Cada vez es más importante la percepción de aislamiento que sienten las personas, que aumenta progresivamente con la edad.

En esta realidad, se hace manifiesta la ineficacia de los servicios y recursos destinados a una población envejecida que va en aumento, por lo que se necesita repensar la manera de mejorar la calidad de vida y la dignidad de las personas que llegan a la vejez. El sistema sanitario y de pensiones se encuentra colapsado, y además, el alojamiento en residencias especializadas para mayores no parece ser la mejor solución. Entonces, ¿en qué medida podemos trabajar para que las personas mayores no se sientan solas?

Desde el ‘Laboratorio de Innovación Social sobre Envejecimiento’ de la Unidad de Innovación Social de la Fundación General de la Universidad de La Laguna, se han puesto en marcha una serie de proyectos experimentales con enfoque comunitario, que apuestan por la participación de las personas mayores en su propia comunidad, como “antídoto” para evitar caer en una situación de aislamiento social y de soledad. Es en este contexto donde surge la iniciativa de ‘Mayores en Comunidad’.

La primera experiencia de esta iniciativa se viene desarrollando en el barrio de San Jerónimo, en el municipio tinerfeño de Tacoronte, donde Concepción Barrios, Rosa Cabrera, Encarnación Dorta, Carmen Hernández, Isabel Hernández, Candelaria y Rosa María González se encuentran cada martes para trabajar de manera colectiva en un proyecto que, pese a estar diseñado para fomentar la participación de otras personas mayores en situación de soledad, “les ha permitido ayudarse a sí mismas”. Así lo ha expresado Candelaria o Cayi, que es como la llaman sus amigas.

Para ellas, el hecho de trabajar conjuntamente en un proyecto diseñado por las propias personas mayores, con colaboración externa, les ha servido para no sentirse solas: “te sientes, no sé, cómo más motivada, más ilusionada y deseando que vengan martes y jueves para venir corriendo, pa’ decir “¡ay! Vamos a reunirnos”, dice Encarnación (Siony), quien afirma que el proyecto le ha servido para “sentirse mejor consigo y con todas las personas que le rodean”. Para Isabel, este proyecto le ha servido “para vivir unos años más”.

Además de un sentimiento de auto-realización, por sentir que son personas de gran utilidad para el barrio en el que viven, todas ellas se llevan amistades y relaciones duraderas. De solo decirse “hola y adiós”, han pasado a generar espacios lúdicos fuera del trabajo que realizan en el marco del proyecto. Ahora las vecinas quedan para salir a pasear por el barrio o para tomarse algún cortado los lunes, y es que, tal y como señala Cayi, “nos hemos unido más en el proyecto”.

Es por todas y cada una de las participantes de este proyecto, que se necesita pensar en otro tipo de alternativas que “nos ayuden a sentirnos como que somos útiles”, en un contexto altamente marcado por prejuicios edadistas que invisibilizan el gran valor que tienen las personas mayores en nuestra sociedad, y que, además, han optado como única opción, en muchas oportunidades, por aislarlas en lugares “donde no molesten”. Es necesario pensar, por tanto, en la Comunidad, como un soporte y medio de prevención para la soledad no deseada vivida por las personas mayores.

Por Vanesa Medina Lorenzo, Técnica de la Unidad de Innovación Social de la Agencia Universitaria de Innovación de la Fundación General de la Universidad de La Laguna, Tenerife.

Hoy en día, la soledad no deseada entre las personas mayores es considerada como una de las grandes epidemias del siglo XXI. Cada vez es más importante la percepción de aislamiento que sienten las personas, que aumenta progresivamente con la edad.

En esta realidad, se hace manifiesta la ineficacia de los servicios y recursos destinados a una población envejecida que va en aumento, por lo que se necesita repensar la manera de mejorar la calidad de vida y la dignidad de las personas que llegan a la vejez. El sistema sanitario y de pensiones se encuentra colapsado, y además, el alojamiento en residencias especializadas para mayores no parece ser la mejor solución. Entonces, ¿en qué medida podemos trabajar para que las personas mayores no se sientan solas?

Desde el ‘Laboratorio de Innovación Social sobre Envejecimiento’ de la Unidad de Innovación Social de la Fundación General de la Universidad de La Laguna, se han puesto en marcha una serie de proyectos experimentales con enfoque comunitario, que apuestan por la participación de las personas mayores en su propia comunidad, como “antídoto” para evitar caer en una situación de aislamiento social y de soledad. Es en este contexto donde surge la iniciativa de ‘Mayores en Comunidad’.

La primera experiencia de esta iniciativa se viene desarrollando en el barrio de San Jerónimo, en el municipio tinerfeño de Tacoronte, donde Concepción Barrios, Rosa Cabrera, Encarnación Dorta, Carmen Hernández, Isabel Hernández, Candelaria y Rosa María González se encuentran cada martes para trabajar de manera colectiva en un proyecto que, pese a estar diseñado para fomentar la participación de otras personas mayores en situación de soledad, “les ha permitido ayudarse a sí mismas”. Así lo ha expresado Candelaria o Cayi, que es como la llaman sus amigas.

Para ellas, el hecho de trabajar conjuntamente en un proyecto diseñado por las propias personas mayores, con colaboración externa, les ha servido para no sentirse solas: “te sientes, no sé, cómo más motivada, más ilusionada y deseando que vengan martes y jueves para venir corriendo, pa’ decir “¡ay! Vamos a reunirnos”, dice Encarnación (Siony), quien afirma que el proyecto le ha servido para “sentirse mejor consigo y con todas las personas que le rodean”. Para Isabel, este proyecto le ha servido “para vivir unos años más”.

Además de un sentimiento de auto-realización, por sentir que son personas de gran utilidad para el barrio en el que viven, todas ellas se llevan amistades y relaciones duraderas. De solo decirse “hola y adiós”, han pasado a generar espacios lúdicos fuera del trabajo que realizan en el marco del proyecto. Ahora las vecinas quedan para salir a pasear por el barrio o para tomarse algún cortado los lunes, y es que, tal y como señala Cayi, “nos hemos unido más en el proyecto”.

Es por todas y cada una de las participantes de este proyecto, que se necesita pensar en otro tipo de alternativas que “nos ayuden a sentirnos como que somos útiles”, en un contexto altamente marcado por prejuicios edadistas que invisibilizan el gran valor que tienen las personas mayores en nuestra sociedad, y que, además, han optado como única opción, en muchas oportunidades, por aislarlas en lugares “donde no molesten”. Es necesario pensar, por tanto, en la Comunidad, como un soporte y medio de prevención para la soledad no deseada vivida por las personas mayores.

Por Vanesa Medina Lorenzo, Técnica de la Unidad de Innovación Social de la Agencia Universitaria de Innovación de la Fundación General de la Universidad de La Laguna, Tenerife.

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