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La ‘infantilización’ de la persona mayor

La 'infantilización' de la persona mayor

Tiempo de lectura: 3 minutos

Es necesario romper este estigma de que toda persona mayor es dependiente, sin autonomía y que no tiene derechos ni deberes. Cada vez más hay que demostrar que el anciano tiene un lugar y lo ocupa de la mejor manera posible y que no solo está esperando el final, sino que aún le queda mucho por vivir, aprender y compartir con las nuevas generaciones.

¿Cuántas veces nos encontramos tratando a las personas mayores de manera infantil, especialmente a las más frágiles, usando palabras en diminutivo, como una forma de mostrar amor, cariño y aprecio?

Está claro que este comportamiento es muy ‘común’ en cualquier familia y en algunos contextos de los profesionales de la salud. Muchas personas tratan a sus padres, abuelos, pacientes y conocidos como si fueran niños grandes y, en algunos casos, se colocan como padres de sus padres, literalmente, dándoles la incapacidad de manejar sus propias vidas y ser independientes en su rutina cuando sea posible. .

Gran parte de este tratamiento está relacionado con los cuidados que recibieron a lo largo de su vida y, ahora, terminan llevando a cabo este comportamiento como algo ‘normal’.

Es importante decir que ‘infantilizar’ no es lo mismo que tratar con cariño.

Infantilizar significa volverse infantil, dar forma a lo infantil y trae alusiones erróneas sobre el ser anciano. Ahora bien, si no ‘adulteramos’ a nuestros hijos antes de tiempo, ¿por qué hacer que nuestros hijos mayores sean infantiles a una condición en la que no lo son?

Tratar con cariño es permitir, incluso con dificultades, que la persona pueda ejercer su autonomía e independencia (cuando sea posible). Ayudar y no hacerlo es preocuparse. Respetar sus deseos y decisiones es cariñoso. Para llamar mami, papi, vocecita es cariño. No permitir que la persona mayor realice sus actividades, tome sus decisiones, participe en actividades y sea llamado por cualquier adjetivo peyorativo que no sea su nombre es violencia emocional.

Muchos cuestionarán y dirán que cada uno se refiere al familiar como desee, pero lo que muchos no logran entender es cómo esta forma de tratar al anciano, ya sea dentro o fuera del contexto familiar, puede traer lecturas sobre esta etapa del proceso. .una vida que, en lugar de ensalzar el envejecimiento como un proceso natural y común de todo ser vivo, acaba censurando su existencia y reduciendo a esta persona como alguien que ya no pertenece a ningún lado o que puede aportar su experiencia.

La infantilización trae a este público la ‘estigmatización’ de un grupo homogéneo que sigue un patrón de gustos, hábitos, actividades y que tienen las mismas características, tan enfatizadas y difundidas que siempre se convierten en ‘buenos viejos’, ‘frágiles’, ‘buenos chicos ‘,’ pobres chicos ‘. Incluso el uso de palabras en diminutivo enfatiza aún más el poder de infantilización.

El anciano no es un adulto con canas, ni un niño mayor, el anciano es alguien que ha pasado por las primeras etapas del desarrollo de la vida y que sigue caminando como cualquier otra persona.

Al infantilizar a una persona mayor, estamos practicando ocultamente la violencia contra ella, lo cual va en contra del Estatuto de la Mayor cuando dice “es obligación de la sociedad, la familia y la Institución garantizar la libertad, el respeto y la dignidad a la persona mayor, como persona humana y sujetos derechos civiles, políticos, individuales y sociales, garantizados en la constitución y en las leyes ”.

Tomemos como ejemplo los países del este como China y Japón, donde los ancianos son muy respetados, honrados y referenciados por sus familias, lo que dicen es seguido por todos, incluidos los más jóvenes.

Es importante romper este estigma de que toda persona mayor es dependiente, sin autonomía y que no tiene derechos ni deberes. Cada vez más hay que demostrar que el anciano tiene un lugar y lo ocupa de la mejor manera posible y que no solo está esperando el final, sino que aún le queda mucho por vivir, aprender y compartir con las nuevas generaciones.

Es necesario permitir que se fortalezcan los lazos, que se valoren sus historias de vida y vivencias, que se promueva la inclusión de la persona mayor, promoviendo el sentido de su propia existencia; reconocer sus habilidades laborales, creatividad, potencial.

Al infantilizar al anciano se crean alusiones y falsos parámetros sobre el proceso de envejecimiento, que pueden determinar cómo son y serán tratadas estas personas.

¿Cómo le gustaría que lo trataran en el futuro?

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