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Nos hacemos mayores y mayores, pero los prejuicios continúan

Nos hacemos mayores y mayores, pero los prejuicios continúan

Tiempo de lectura: 6 minutos

Somos mayores y necesitamos cambiar la mirada sobre el envejecimiento, ya que los estereotipos limitan en exceso nuestras expectativas sobre las actitudes y comportamientos de los demás, ya que ocultan diferencias individuales, imposibilitando que un individuo sea evaluado con precisión.

Con el proceso de envejecimiento humano cada vez más largo, el aumento de la población mayor de 60 años crece con cada censo, lo que se traduce en demandas individuales y sociales. A partir de este escenario, y del aumento de la esperanza de vida, se puede afirmar la necesidad de cambiar la visión sobre el envejecimiento. Teniendo en cuenta las particularidades categóricas con las que nos hemos ocupado de estos temas, y el envejecimiento múltiple (QUARESMA, 2009).

Según estudios relacionados con el aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento es un proceso que atraviesan todos los seres vivos a lo largo de la vida, ya que la vejez es una etapa y / o etapa de la vida que puede caracterizarse por la edad. La vejez, como etapa de la vida, enfrenta dos factores llamativos: uno referido a estudios en el campo de la salud y otro referido a la jubilación.

En la cultura oriental, en términos generales, el envejecimiento se ve de manera positiva, porque hay una representación de la sabiduría y el aprecio por las experiencias individuales y culturales de los ancianos. En la cultura industrial occidental, el envejecimiento se ve generalmente de manera negativa, cargado de estereotipos y, a menudo, reducido al próximo período de la muerte por enfermedad, sufrimiento y abandono / soledad (SCHNEIDER; IRIGARAY, 2008).

Aún en la cultura occidental, existen varios términos que se utilizan para referirse a la fase de la vejez como “madurez” que se refiere a una etapa de desarrollo del cuerpo o el curso de los cambios en los organismos vivos. También podemos pensar en los logros de los roles y comportamientos sociales que se consideran propios del adulto mayor (NERI; FREIRE 2000). Por otro lado, la madurez se puede observar de manera diferente según el sexo y el género de las personas.

Actualmente, el proceso de envejecimiento es objeto de varios estudios a nivel mundial. En Brasil, ya no es solo una preocupación de salud y socioeconómica, pasando a ser una preocupación de varias áreas de la ciencia debido a las necesidades y demandas del mundo que envejece, considerando el entorno en el que viven, ya sea el espacio público o su hogar.

Como resultado, muchos estudios han resaltado cada vez más la importancia de la heterogeneidad de la vejez y el envejecimiento según la edad, el género, las condiciones económicas, la salud, la etnia y el tipo de residencia. Está claro que la experiencia personal sobre esta etapa de la vida está intrínsecamente ligada a la experiencia de los demás, después de todo, somos seres sociales (CÔRTE; MEDEIROS, 2009).

Estereotipo y vejez

La cultura popular, el cine, la publicidad, los medios de comunicación y las organizaciones políticas y religiosas son también espacios de aprendizaje (DA SILVEIRA, 2012). Estas esferas producen imágenes y conocimientos sobre la vejez que operan como dispositivos pedagógicos (DOLL, 2015), subjetivando a los sujetos y produciendo formas de identificarse y comprenderse a sí mismos y al mundo. Las imágenes orientan expectativas, valores, percepciones y comportamientos, produciendo conocimientos e identidades a través de los discursos que ponen en circulación.

Desde el origen de la palabra “stereó” + “týpos”, los estereotipos son ideas fijas y duraderas que se presentan como verdades indiscutibles (TRINDADE, 2016). Por tanto, los estereotipos son un conjunto de creencias que simplifican la realidad a través de esquemas mentales que distorsionan y generalizan características (positivas, negativas o neutrales) de determinados grupos de personas u objetos. Por tanto, los estereotipos limitan excesivamente nuestras expectativas sobre las actitudes y comportamientos de los demás, ya que ocultan las diferencias individuales, imposibilitando una valoración precisa de un individuo.

La formación de un estereotipo dependerá de la percepción que tengamos de un individuo en particular, por lo que se formará una impresión del mismo que será categorizado. A partir de esto, mediante asociaciones entre las características del individuo y las de los grupos sociales que creemos similares, se agruparán en una sola idea simplificada que nos permitirá conocerlo y saber qué podemos esperar de él.

De esta forma, las categorizaciones que creamos a partir de nuestras impresiones contribuyen a la creación de falsas expectativas en referencia a una determinada persona, en consecuencia atribuimos características de grupos sociales a los individuos y creamos expectativas respecto a las actitudes de los demás (TRINDADE, 2016).

Butler es uno de los eruditos pioneros en el tema y describe los estereotipos negativos de la edad. Estos son como un prejuicio hacia las personas en función de su edad. Sus estudios informan que el estereotipo desencadena prácticas discriminatorias y favorece el aislamiento de las personas mayores. También desarrolla la adopción de definiciones negativas por parte de los propios ancianos, reforzando las creencias sociales. Hasta entonces, en Brasil, el término utilizado para nombrar los estereotipos de edad negativos es discriminación por edad. Sin embargo, el investigador Jorge Félix desarrolla un trabajo sobre este tema, y ​​acerca el término anciano para conceptualizar mejor los prejuicios que conlleva la etapa de la vida en la vejez.

Algunas consideraciones

En cuanto a la edad cronológica de una persona insertada en una sociedad, esta puede ser como un marcador de su identidad. Lo que hay que valorar es su discurso, y lo que se relata sobre todo su proceso a medida que envejece, en su forma más pura, heterogeneidad y diversidad.

La educación para el envejecimiento es una forma muy valiosa de desmitificar todos los prejuicios y estereotipos en relación con la vejez. Derecho prescrito en el Estatuto de las Personas Mayores (Ley Federal 10.741, de 1/10/2003) que incluye el derecho a la educación de las personas mayores y es responsabilidad del Gobierno generar oportunidades de acceso. Ya sea trabajando con niños y jóvenes, e incluso directamente con personas mayores; bien adaptando los currículos, metodologías y material didáctico a los programas educativos dirigidos a él (SÊNIOR, 2016).

Según estudios de Dewey (SENIOR, 2016), la educación social es la acción que tiene como referencia a la comunidad, que se desarrolla en ella. Por tanto, independientemente del público objetivo, la educación es fundamental para aportar enseñanzas e intercambio de experiencias. El tema de la Educación Gerontológica es sumamente importante en la actualidad, y por ello, en la segunda mitad del siglo XX, surgieron iniciativas de investigación sobre envejecimiento y longevidad, incidiendo en la creación de grupos de investigación, generando nuevas producciones y conocimientos sobre el tema. búsqueda de su consolidación conceptual y profesional (SÊNIOR, 2016).